Josep Piqué • CESEDEN. Paseo de la Castellana, 61 • 18 de septiembre de 2018

Presentación del Cuaderno de Estrategia: "Oriente Medio tras el Califato"

En este momento hablamos del escenario en Oriente Medio tras la derrota militar del Califato, es decir, del DAESH. Una derrota militar sobre el terreno, especialmente en los escenarios de Siria e Iraq, prácticamente irreversible y con la posibilidad trágica de una supervivencia de ese fenómeno conjuntamente con Al Qaeda. La primera afirmación, aunque sea obvia y pueda parecer un tópico, es que estamos hablando de un tema de enorme complejidad, muy enraizado en la geografía, en la historia, en la cultura, en la religión o en los componentes tribales y, además, en una región que ha sufrido y sufre de constantes injerencias desde el exterior o desde el interior amplio. El interior amplio no es Oriente Medio en sentido estricto, que es donde podemos circunscribir al mundo árabe, sino que podemos hablar perfectamente de Turquía, que no es árabe pero es musulmán, de Irán que no es árabe, es persa, pero es musulmán; o podemos hablar del mundo árabe pero con unas intervenciones ahora mucho más proactivas y activas por parte de Arabia Saudí y sus aliados. También de potencias externas. La presencia, la injerencia y la intervención occidental en la zona ha sido constante, fundamentalmente por parte de EEUU pero, con anterioridad, de potencias europeas, fundamentalmente Francia y Reino Unido. En estos momentos es absolutamente imposible entender lo que está sucediendo sin hablar de Rusia, su política exterior y sus intervenciones militares en el exterior. La primera afirmación es que no estamos ante un tema en el que quepan interpretaciones simplistas, sino que son temas enormemente complejos que se reflejan además en algo que, desde una perspectiva occidental, es muy difícil de entender. Cualquiera que observe lo que sucede desde una perspectiva occidental, se sorprenderá de la geometría variable y de las distintas alianzas. En este caso no se cumple un axioma tradicional y sí se cumple otro. El tradicional es que, ante todos esos conflictos, se producen extraños compañeros de cama. Estamos hablando de algo que tiene un componente dramático: los errores que ha cometido Occidente, muchas veces motivados por una visión simple y simplista de la realidad, partiendo de parámetros que nada tienen que ver con las realidades de Oriente Medio.

Algunos ejemplos de estos errores son el acuerdo entre Francia y Reino Unido para repartirse los despojos del Imperio Otomano en Oriente Medio. Estábamos en medio de un cataclismo. Cuando acabó la I Guerra Mundial, vimos desaparecer 4 imperios históricos: el Otomano, el de los Zares, el Alemán y el Austro-Húngaro. Todo esto supuso el inicio de la decadencia de Europa en el conjunto del planeta. En los acuerdos Sykes-Picot está el origen de muchas de las cosas que ahora pasan. Uno de los objetivos del Daesh es que no quedara ningún vestigio de recuerdo de dicho acuerdo y, a partir de ahí tiene lugar la Declaración Balfour, que se produce prácticamente en paralelo a los acuerdos, que podía tener muy buenas intenciones y que requiere muchos matices. O las intervenciones anglosajonas en Iraq y, en general, en el conjunto en el que podemos incluir la que tuvo lugar en Afganistán. Hemos aprendido mucho de esos errores, por ejemplo, que una cosa es ganar una guerra desde una perspectiva bélica y la otra cosa es que, probablemente, es mejor prevenirla y, en cualquier caso, si se produce, hay que tratar con mucho detenimiento el escenario post conflicto y, por lo tanto, la post guerra donde se han cometido innumerables errores. El resultado es muy triste, estamos hablando de una región devastada, de una enorme inestabilidad, de una gran incertidumbre y que, en estos momentos, es terreno de juego y objeto de intercambio entre diferentes potencias externas. Esto ha tenido una evolución histórica pero me voy a limitar a hablar de después de la II Guerra Mundial con breves menciones. Después de la II Guerra Mundial hay una primera fase en la que Oriente Medio estaba bajo la influencia Occidental, fundamentalmente de Francia y Alemania, y se configura a través de una serie de Estados, normalmente Monarquías débiles, corruptas, autoritarias que, sin embargo, se encuentran alineadas con intereses occidentales. Estamos hablando de la Monarquía en Libia, Egipto o el Shah en Irán, entre otros. Eso se rompe con la irrupción del nacionalismo panárabe que moviliza a gran parte de la opinión pública y establece un nuevo paradigma. El mundo Árabe, que hasta entonces había estado bajo la influencia Occidental y de Oriente Medio, se divide en la lógica de bloques de la II Guerra Mundial y las nuevas Repúblicas laicas pero autoritarias, socializantes, que surgen del nacionalismo panárabe, se alinean en términos generales con el bloque soviético y se enfrentan con las antiguas Monarquías tradicionales que aún subsisten y continúan bajo la órbita occidental y el predominio norteamericano. Ese escenario se rompe bastante antes de la caída del muro de Berlín, y es importante recordarl. Los resultados de la guerra de Yon Kippur en 1973 implican un cambio estratégico fundamental como la toma de Saigon por parte de los Vietnamitas del Norte que significa decantar el Sudeste Asiático de un bloque a otro. Ese cambio es el cambio de bando de Egipto y, subsiguientemente, de Jordania, a quien no le costó mucho cambiar de bando. El caso de Egipto es paradigmático porque, a partir de ahí, Oriente Medio va perdiendo la lógica de bloques con consecuencias muy relevantes, como es el caso del conflicto con Israel, que había sido un enfrentamiento entre el conjunto del mundo árabe y se transforma en un conflicto entre Israel y el pueblo palestino, protagonizando en gran medida las aproximaciones intelectuales y políticas que hemos estado haciendo sobre la región. Pero esto también desapareció en su momento a raíz de las Primaveras Árabes, porque abren una dinámica distinta que, en principio, parecía ser positiva, pero que ha sumido la región en un escenario de guerra e inestabilidad como no veíamos desde hace muchísimo tiempo. Otra consecuencia es quién toma el relevo del nacionalismo árabe, que ya no es árabe sino islámico o musulmán, a la hora de contraponerse con Israel. Es Irán, una potencia no árabe y, a raíz de ahí, se van recrudeciendo las luchas sectarias internas con un regreso de la geopolitíca y la lucha por la hegemonía dentro del propio Islam. En todos los conflictos, Israel-Palestina, Siria, Iraq, Yemen o el conflicto interno dentro del radicalismo islamista, hay varios conflictos, internos-. Uno de ellos entre la visión laica y la visión islamista, con el resultado de la derrota absoluta del laicismo democratizador y liberal, perdiendo cualquier atisbo de visión democrática en la región. Hay conflictos geoestratégicos y una presencia de potencias exteriores que los reflejan. Una lucha por la hegemonía entre Arabia Saudita e Irán por ver quién tiene la primacía dentro del mundo islámico en general pero, además, muchos otros. Una intervención en Siria, Turquía, la de EEUU o la de la Unión Europea, en sí misma o a través de sus estados miembros, sobre todo Francia o Reino Unido. Es ahí donde podemos ver cómo ha cambiado el mundo y cómo se sustenta la afirmación de que estamos en un mundo post-occidental. Hace apenas una década era inimaginable afrontar el conflicto de Siria sin EEUU o sin la Unión Europea y ahora vemos que el futuro de Siria se está decidiendo con tres padrinos fundamentales que nada tienen que ver con los tradicionales: Rusia, Irán y Turquía. Un mundo post-occidental. Tras la derrota militar del Califato podemos atrevernos a hacer una clasificación entre ganadores y perdedores que puede ser efímera, temporal, porque todo evoluciona muy rápido. Hay un perdedor evidente, las personas, la población siria, yemení, libia… y dentro de éstos algunas minorías como son los cristianos, sufíes, judíos. La desaparición en países en los que llevaban siglos o dos milenios es un tema trágico, consecuencia de lo que está ocurriendo. Y, entre todo esto, un perdedor clarísimo que es el pueblo palestino, quien ha perdido el protagonismo, las oportunidades y la atención internacional que se le prestaba. En estos momentos no tienen quien les defienda. Y esta o es una consecuencia bastante dramática de lo que está ocurriendo. Otro perdedor: cualquier atisbo de democracia, de libertad y de igualdad de género. Cosas que, al principio de las primaveras árabes, y menciono a Túnez, país al que tenemos que ayudar sin lugar a dudas, era lo que demandaba: dignidad, libertad, democracia e igualdad y, los conflictos, se han llevado todo esto por delante. Un tercer perdedor es el orden liberal internacional, basado en normas universales, el respeto a los derechos humanos y en las declaraciones sucesivas de las Naciones Unidas al respecto. Pero también hay perdedores específicos como Occidente con la intervención anglosajona en Iraq. Irán no estaba en Iraq, históricamente eran enemigos, nada más opuesto que un persa y un árabe. Ahora la influencia de Irán en Iraq es mayor que nunca, desde luego no estaban en Iraq ni Al Qaeda ni el Daesh y después han estado y están, por lo tanto, occidente ha perdido. Turquía es un perdedor relativo porque está deseando recuperar una política exterior neo-otomana y, por lo tanto, volver a expandir su influencia en lo que había sido ese imperio, al final, con la intervención de Rusia, y ha tenido que auto limitarse en su ambición y sus pretensiones a, lo que considera, su principal tema de fondo de hoy: ver cómo neutraliza a los Kurdos en su propio territorio y en el norte de Siria, e impedir que se constituya allí un Estado tapón, queriendo ser en un principio un actor muy activo en la región y, hoy por hoy, está en otra lógica basada en lo que llamamos la real política. Turquía ha cambiado de la política de cero problema con sus vecinos, a cero vecinos sin problemas. Otro perdedor relativo son las potencias sunitas y de Arabia Saudí y sus aliados. Se está viendo en Yemen, y no sólo, que quién ha expandido su influencia de manera muy clara en el conjunto en la región es Irán, enemigo atávico y visceral histórico. También es un claro perdedor el Califato, que ha perdido la guerra y ha sido eliminado de territorio Sirio e Iraquí, siendo además muy probable que haya perdido en su pugna interna con Al Qaeda a la hora de buscar la primacía dentro del mundo islamista radical. Enumero a los ganadores:

  • Israel, que tiene alianza implícita con Arabia Saudita y las Monarquías del Golfo.
  • Irán, con creciente influencia en la región.
  • Rusia, que se encuentra en una revisión de sus políticas exteriores, de retorno de la historia, y que quiere recuperar el espacio de influencia del que gozó con el Imperio Zarista, sobre todo, durante la Unión Soviética, consiguiendo que nada se pueda hacer o afrontar sin contar con ellos. Los conflictos locales no se resuelven con intervenciones externas pero, también es cierto que, sin esas aportaciones buscar soluciones es más difícil. Oriente Medio nos ocupa muchas horas y mucha atención pero, desde el punto de vista geopolítico, va perdiendo interés relativo. Estamos ante una correlación inversa entre el interés mediático y el peso real de la región en el mundo. Paradoja de un mundo que se nos va pero que no se acaba de ir del todo y un mundo que está viniendo pero que no acaba de venir del todo. Muchas gracias.